Hasta luego Erdosain

martes, 21 de julio de 2009


Cuando estaba embarazada pasaba muchas noches sola en desvelo, entonces me dediqué a leer Los Siete Locos de Roberto Arlt. Digo me dediqué porque no sólo lo leí, sino que releí cada párrafo e hice miles de marcas en los márgenes. Algunas de esas frases me sirvieron muchas veces de disparadores, y las escribiré a continuación...


- ¿Ha visto usted? Hay cosas inexplicables. Yo, desde hace un rato, trato de explicarme por qué no lo mato de un tiro teniendo el revólver aquí, en el bolsillo.



- No hombre, usted no. Naturalmente, he sufrido tanto, que ahora el coraje está en mí encogido, escondido. Yo soy mi espectador y me pregunto: ¿Cuándo saltará mi coraje? Y ése es el acontecimiento que espero. Algún día algo monstruosamente estallará en mí y yo me convertiré en otro hombre. Entonces, si usted vive, iré a buscarle y les escupiré en la cara.

- Se apretaba la frente entre la yema de los dedos, y la carne de su mano le parecía extraña y no reconocía la carne de su frente, como si estuviera fabricando su cuerpo de dos substancias distintas.


- Yo mismo estoy descentrado, no soy el que soy, y, sin embargo, algo necesito hacer para tener conciencia de mi existencia, para afirmarla.

- Quizá fuera yo el que lo matara, quizá fuera el Astrólogo, el caso es que había arrojado mi vida a un recoveco monstruoso, en el que los demonios jugaban con mis sentidos como con los dados metidos en un cubilete.

- Y a lo que a nosotros nos parece novelesco, e inquietante, no es mada más que la zozobra de los espíritus débiles y mediocres, que sólo creen en el éxito cuando los medios para alcanzarlo son complicados, misteriosos, y no simples. Y sin embargo usted debía saber que los grandes actos son sencillos, como la prueba del huevo de Colón.

- Ahora voy a hacer un experimento. Encontré a un hombre admirable que está firmemente convencido de que la mentira es la base de la felicidad humana y me he decidido a secundarlo en todo.



- Lo que llamamos locura es la descostumbre del pensamiento de los otros. Vea, si ese changador le confesara las ideas que se le ocurren, usted lo encerraría en un manicomio. Naturalmente, como nosotros debe haber pocos... lo escencial es que de nuestros actos recojamos vitalidad y energía. Allí está la salvación.

2 comentarios:

Delfín Beccar Varela dijo...

Muy buena entrada. Te digo que este libro lo he leído ya no me acuerdo cuantas veces... la verdad que tiene algo que me obliga a tenerlo siempre a mano. El autor, uno de mis preferidos.

Veo aparte que tenemos cosas en común, además de los gustos literarios ya que veo que pasas por nuestro espacio en minificciones, yo también estuve en TEA.

te mando un saludo y seguimos en contacto.

Georgi dijo...

Este me encanto. Realmente yo conocia la primera frase del ultimo frase. El de la locura. Que gran verdad.y que desentendidos nos podemos sentir a veces por eso mismo...

 
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